20/32 (Si mis cálculos no fallan)

1. Sonreír, al menos, una vez al día. Ya sé que puede parecer una tontería, pero hay veces que ni siquiera apetece estar alegre. Eso se ha acabado este año.
2. Apagar totalmente el ordenador durante los días de diario. O, como mucho, encenderlo diez minutos al día. Ni uno más.
3. Cambiar la frase: "Soy una inútil, no valgo para esto" por "A mí una asignatura no me puede. Faltaría más"
4. No comerme la cabeza por cosas extrañas
5. Ir a la biblioteca los viernes aunque luego acabe con ganas de quemar el edificio. 
6. Adelgazar
7. Comprar una sudadera de chico.
8. Empezar a escribir algo los días de estrés. Un diario en papel, por ejemplo
9. Actualizar el blog y que éste no se quede muerto
10. Salir siempre que pueda y no hablar NADA del instituto cuando esté en la calle con mis amigos
11. Cumplir el diez
12. Cada día será reglamentario tener diez minutos para mí misma aislada del mundo. Nada de pensar, prohibido.
13. Cambiar mi expresión facial cuando voy por la calle. Nada de parecer un indio cabreado ni el Joker, aunque sean las ocho de la mañana
14. Echar la beca para ir al extranjero en agosto
15. Apuntar todas las veces que un profesor diga la palabra "Selectividad" para luego reírme en cuanto se acaben los exámenes
16. Abandonar el vicio de comprar chucherías para las épocas de exámenes. (Come fruta, es más sano)
17. No abandones el gimnasio, que nos conocemos
18. Leer muchísimo durante este año. Ayuda a despejar la cabeza y a aprender expresiones, vocabulario y ortografía. Todo en uno. Apúntatelo bien
19. Empezar a leer libros sobre Psicología. (Ya está bien de no informarte a fondo sobre la carrera que quieres hacer, vaga)
20. Llevar todos los apuntes a limpio y al día. Nada de esperar al viernes para pasarlos. O, bueno, habrá semanas que sí debas esperar ¡Pero no te acostumbres!
21. Ir a la Universidad allá por comienzos del 2011 para informarme de todo lo referente a Psicología.
22. Ir a aula este año y no pasar por el stand de la Complutense. (No vuelvas a decepcionarte gratuitamente)
23. Fuera de lo académico: SALIR ESTA NOCHEVIEJA. Parece un poco desesperado, pero la familia a veces agobia bastante
24. Reclutar gente para el propósito 23.
25. Dejar los malos hábitos y sitios varios de Internet que no te conducen a nada
26. Dormir más
27. Hacer más ejercicio
28. Tener más paciencia con la gente
29. Insultar menos e ignorar más
30. No agobiarse siempre que se pueda evitar
31. No ir a clase hecha una pintas.
32. Cumplir toda esta lista y, si cabe, añadirle cosas

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Se7en

Ayer vi, por fin, la película "Se7en". En un princpio pensé que iba a resultar la típica película insulsa de asesinatos cuyo "malo" sería un loco al que atraparían al final en una encarnizada lucha donde el bien aplastaría al mal - como en casi toda película americana - haciendo ver que la bondad se une a la inteligencia y la maldad a los impulsos. Pero, al contrario, me dejó un mal sabor de boca.
La verdad es que la película es sí no me pareció una obra maestra, no malinterpretemos; hay situaciones que son un tanto predecibles y parte de las últimas escenas no me resultaron extremadamente memorables, todo hay que decirlo.
Sin embargo, lo destacable de ella es que posee una moraleja extraña; la cual, aviso, voy a poner a continuación (Y aviso por el simple hecho de que esa moraleja puede resultar un pequeño spoiler): "El mal gana". O, mejor dicho "¿Es que nadie se da cuenta de que el malo gana?".

Obviamente, esta moraleja no es nueva. En las películas y en la vida real, el bueno - que nunca es bueno al 100% - siempre está sometido a la voluntad del despiadado, que suele ser más frío e inteligente en la mayoría de las ocasiones.
En los largometrajes, aunque no lo parezca, el asesino siempre gana. Sí, al espectador puede parecerle de cuento de hadas que el criminal en cuestión vaya a la cárcel e incluso puede disfrutar imaginándose que sufrirá una serie inimaginable de penurias que le harán recurrir al suicidio... pero, de todos modos, él ha ganado ¿O acaso no ha hecho lo que quería - es decir, matar - desde un principio? Le habrán capturado, pero él antes ha disfrutado y eso, finalmente, es lo que queda.
En la vida real ocurre lo mismo. Puedes pasarte la vida intentando luchar contra lo injusto o dando lecciones al "tirano", pero el tirano siempre seguirá siendo malvado y lo injusto tampoco sufrirá ningún cambio. Lo realmente difícil es no dejarse tiranizar o desviarse hacia el lado de la injusticia, no ser sentimental ni frío en exceso y tener los términos de "bien" y "mal" realmente claros. Bien y mal no son blanco o negro, como todo en esta vida, dependen del contexto. Mentir - se supone - está mal; pero, en ocasiones, una mentira puede hacer mucho bien a una persona. Conseguir lo que uno se propone está bien, pero ese deseo se transforma en algo oscuro cuando pisas a los demás por lograrlo; y así, un largo etc.

Lo peor de los malos o del "mal", ese término tan temible, es cuando corrompe al "bien" o a los buenos; porque, queridos amigos, el bueno siempre puede corromperse y el malo, queramos o no, nunca cambia.
Es en este punto donde vuelvo al argumento de la película que da nombre a esta entrada un tanto insulsa.
El mal sabor de boca que deja "Se7en" aparece cuando ves que el bueno se corrompe a favor del mal y acaba la obra del asesino, aunque ése no fuese su propósito. Y es que, en un duelo interno, la bondad normalmente tiene las de perder.
No obstante, a nadie le gusta darse cuenta de ello, así que no pude evitar sentir una especie de decepción con el personaje encarnado por Brad Pitt, quien demostró ser un humano que cayó rendido ante la inteligencia de un tirano.

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Un pequeño paso.

Ya soy, casi oficialmente, universitaria. El día 26, en cuanto haga la matrícula, ese casi desaparecerá y me convertiré en una universitaria en toda regla.

Así que... ya está. Así termina, oficialmente, este año. He entrado en la universidad. Aún no me lo creo. Y más que haya entrado a la universidad que yo quería. Sí, de acuerdo, con un 11,331/13,306 no me iba a quedar fuera de ningún modo; pero, aun así, necesitaba verlo confirmado. 

Ahora ya sí que estoy oficialmente de vacaciones, tanto física como mentalmente y puedo dedicarme a darle vida a algo que, aunque me parece ridículo cada vez que escribo una palabra más, no dejo de vivir en mi cabeza. No, no estoy esquizofrénica.

Con la UAM.

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Ideas

Si hay algo que odio del verano es que pasa demasiado despacio aunque, claro, eso depende del punto de vista de cada uno. Para la persona que abandona Madrid durante un mes o dos, el verano pasa rápido - sobre todo, si uno de esos meses es agosto - pero, para quien se queda, es algo así como una tortura.

Creo que, en septiembre, me odiaré a mí misma por haber escrito lo siguiente, pero necesito la rutina. La rutina es algo que me mantiene viva y, por encima de todo, ociosa. Me hace sentirme útil y tremendamente ocupada, por lo que me siento más presionada y encuentro tiempo para hacer muchas más cosas; pero nunca demasiadas como me pasa estos días. Me aburro de no hacer nada, pero a la vez tengo miles de cosas que hacer. Y ahí está el problema. Tengo muchos días, total ¿Para qué agobiarme ahora? Resultado: Desorden, desorden everywhere.

Pero lo peor sucede cuando me vienen ideas disparatadas a la cabeza como: ¿Y por qué no intentar escribir algo? La verdad es que llevo un par de semanas dándole vueltas a una idea, pero esa idea y yo tenemos una relación amor/odio un tanto extraña. Por la mañana me parece fascinante, incluso creo - ilusa de mí - que mi capacidad de redacción no es tan mala y que podré darle forma con un poco de paciencia, tiempo y trabajo; pero por la tarde la cosa cambia. Por la tarde me parece una idea insulsa, demasiado vista y con pocas posibilidades de que alguien como yo sea capaz de darle forma.
Finalmente, todo queda abandonado en un cajón de mi cerebro y allí se queda, sin abrir; como otras muchas ideas que he tenido.

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Empieza la cuenta atrás.

Hoy, en unas horas, voy a poder ver cuáles han sido los resultados de este curso y, para mi sorpresa - bueno, y para sorpresa de los que me conozcan que saben cómo soy - no estoy realmente nerviosa. Sé que me "juego mi futuro" que quizá no entre a la universidad que quiero y que, en el peor de los casos, incluso tenga que estudiar fuera de Madrid; pero estoy tranquila y lo estoy porque estoy segura de una cosa y es de que he hecho todo lo que he podido y que, pase lo que pase, voy a conseguir entrar a la carrera que quiero. Lo que voy a decir ahora puede parecer un poco pedante en algún sentido; pero es que MEREZCO entrar a la carrera que quiero y eso es algo de lo que estoy completamente segura.

Este año no he dado el 100% de mí, he dado el 110% y me ha dejado tanto física como emocionalmente agotada, la verdad; así que, a la fuerza, tiene que haber merecido la pena. Eso sí, no quiero volver a estar así ni un año más; de hecho, ahora mismo me obligo a no estar así ni un año más. Porque no, porque no merece la pena tantísimo sacrificio y tanta amargura por algo que, con un poco más de paciencia, seguramente podía haber conseguido.
Sin embargo, aún ni siquiera me creo que esté oficialmente de vacaciones y que, finalmente, vaya a ser universitaria si todo va bien. Ee me hace raro e, incluso, creo que voy a echar un poco de menos el instituto el cual, aunque ahora me pareza increíble decirlo, tenía cierto encanto. Voy a pasar de ser Sara a ser un número y de que me den todo con más o menos facilidades a tener que buscarme la vida y presiento que va a ser duro; pero estoy preparada... o eso creo.

Además, reflexionando, me he dado cuenta de que lo he pasado fatal un año para estudiar lo que quiero, sí, pero a fin de cuentas me he esforzado al máximo con el objetivo de seguir pasándolo un poco "mal" por así decirlo. Va a haber asignaturas que voy a querer dejar y/u olvidar e incluso habrá otras de las que sólo me suene el nombre... pero, al igual que para lo anterior, estoy preparada para ello.

Por todo ello, he aquí lo que voy a tener que recordar estos cuatro, cinco, seis - ¡Nueve! - interminables años que, espero, comiencen a partir de septiembre. Si hace falta, lo recordaré todos los días antes de dejarme vencer por el "no puedo" constante que ha intentado sepultarme varias veces y al que casi he dejado ganar.

Quiero ser psicóloga el día de mañana. Y no lo quiero simplemente por capricho, sino porque quiero ser útil en esta sociedad y este es mi modo de servir de utilidad a los demás tal y como yo lo veo. Nuestros sentimientos y pensamientos manejan mucho nuestras vidas y, en muchas ocasiones, pueden hacérnoslo pasar verdaderamente mal. Otras veces el malestar no procede de nosotros, sino de los acontecimientos que se desarrollan en nuestro derredor y que no sabemos controlar y eso nos hace pensar que no valemos lo suficiente y que nunca podremos llegar a ser "iguales" a aquellos que nos critican. Por desgracia, yo no he dado con gente buena toda mi vida, de hecho, he dado con algunas personas bastante mediocres y, al igual que yo, cientos - ¡Miles! ¡Millones! Muajajajaja - de personas que, por culpa de ciertas circunstancias, no han logrado encontrar su lugar en el mundo.
Y, en definitiva, yo quiero estar ahí para ellos. Para ayudarles con sus pensamientos o sentimientos en la medida de lo posible y, además, para brindarles ciertas pautas que les permitan controlar un poco sus circustancias. Sé por experiencia que todos necesitamos a alguien que nos escuche y que nos ayude a salir adelante y yo quiero ser ese alguien para todos aquellos que lo necesiten al igual que lo he necesitado yo. Quiero ayudar a hacerle ver a la gente lo que vale y ayudarles a que se vean como las personas dueñas de sí mismas que realmente todos podemos ser al margen de todo aquello que intente hundirlos. Y, sobre todo, me encantaría ayudar especialmente a niños y adolescentes - sobre todo a estos últimos, que normalmente piensan que nadie, excepto sus amigos, se interesa por sus opiniones o sentimientos -  y sí, sé que puede sonar ridículo para muchos; pero es lo que yo llamo vocación.


22 de junio de 2011. Graznado por Sara a las 00:00

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Y me mosqueo.

Veo gente que tiene vida social activa y me mosqueo. Veo gente que no tiene que estudiar porque se lo sabe todo y me mosqueo. Veo gente que no ha tenido que dar temario nuevo hasta el último día y me mosqueo. Me miro al espejo y me mosqueo. Veo que hay gente que sale de fiesta y me mosqueo. Me proponen ir de fiesta y, ahora, me mosqueo porque tengo ganas de salir. Veo a gente contenta y me mosqueo. Oigo reírse a la gente y me mosqueo. Veo que no me da tiempo y me mosqueo. Veo que tengo tiempo pero estoy conectada porque mi cerebro no puede más y me mosqueo. Veo los apuntes de literatura, me doy cuenta de que no me sé nada y... ¡Sorpresa! me mosqueo. Recuerdo que hubo gente que me dijo que ellos no tuvieron que estudiar para la PAU y me mosqueo hasta límites insospechados. Veo la carpeta de apuntes en general y me mosqueo. Pienso en el profesor de lengua y en la de arte y me mosqueo aún más.

Balance: Muerdo.

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Intentar e intentar.

Y joderla y joderla.

No puedo más. Así de sencillo. No puedo y estoy hasta las narices. Estoy hasta las narices de que todo el mundo me diga que puedo, porque no es verdad. No quiero que nadie más me diga que "no tengo que estresarme" que "tengo que relajarme" o que "no me preocupe porque lo voy a hacer bien" porque estoy nerviosa, qué digo nerviosa, estoy histérica.

No quiero relajarme, no quiero que nadie me dé esperanzas, ni que tenga expectativas, ni que me anime ni que tan siquiera me hable y no, no quiero dejar de preocuparme porque, a día de hoy, uno de junio; me falta toda la literatura por estudiar. ¿Por qué? Porque nuestro profesor nos ha añadido hace DOS DÍAS temario nuevo a lo que teníamos estudiado - que sólo era hasta la generación del 27 - dado que, durante las clases, él sólo quería limitarse a dar el programa de Segundo porque, según sus palabras, "no era un preparador de Selectividad, sino un profesor de lengua de Segundo de Bachillerato".

Pero vamos a ver ¿Y a quién quieres preparar si no? Si los únicos que íbamos a todas tus clases somos los que vamos a Selectividad y ahora nos has puteado. Estoy hasta los - hablando en plata - huevos de la literatura española que ni siquiera entiendo. Una tarde de estudio perdida en volver a resumir una mierda de apuntes que ni siquiera comprendo aún leyéndolos unas veinte veces. ¿Quién me devuelve estas horas, eh? ¿Te lo vas a estudiar tú por mí ahora? ¿Me aseguras que no voy a perder esos tres puntazos del examen aunque tenga que estudiarlo todo mañana de prisa y corriendo y perder más clases de repaso? Y todo por favorecer a los mismos garrulos de siempre que nunca van a dar una mierda por abrir un libro.

Encima, ahora que tengo resumidos los apuntes, no puedo imprimirlos. ¿Por qué? Porque mi impresora ha fallecido. La vida es maravillosa. A ver mañana qué cojones me estudio.

Y luego, para más INRI, tengo todos los contextos de filosofía mal. TODOS. Así que es en plan de: Venga, vuelta a empezar. ¿Y qué mejor que darte cuenta de que tienes todo mal a cinco días de la PAU?

Así que, bueno, haciendo un balance única y exclusivamente positivo... esta semana ha sido una mierda. Ahora mismo estoy en un estado de negatividad extrema y de pasividad extraña. No quiero comer, no quiero dormir, no quiero estar despierta... sólo quiero seguir llorando, básicamente y, bueno, también quiero quemar cosas ¡Muchas cosas! Preferiblemente apuntes. Y, además, estoy en un estado de irritabilidad importante. No quiero que nadie me hable, no quiero que nadie me vuelva a proponer ir a la Complu este fin de semana a localizar nuestra facultad (¿Por qué cojones no ha pensado nadie en que la solución puede estar en madrugar más el lunes? Que alguno de vosotros no estudie un sábado o un domingo por la mañana me la pela, básicamente; yo sí lo hago porque yo no necesito un puto cinco, sino casi un 9; nota que, por cierto, ya me han avisado que va a subir. Así que no, este fin de semana no piso la calle. A ver si queda claro de una puta vez). Dejadme en paz.

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